posando que te jodan
Aquella tarde, las chicharras envolvÃan el aire con sus ruidos en el campo de al lado y, cuando salà de casa a tumbarme en el jardÃn bajo la sombra del abedul, en mi caminar, las sandalias levantaban un polvo seco, denso, que se resistÃa a posarse de nuevo en la tierra y que llevaba consigo el calor del suelo posando que te jodan. Recordaba aquel dÃa que ella, aquejada de un fuerte dolor de cabeza, se quedó toda la manana en su casa aprovechando las circunstancias para dispensarle cuidados y mimos como hacia tiempo deseaba hacer
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